jueves, 22 de enero de 2026

Musicoterapia (1 de 5)

 

En nuestro colegio estamos desarrollando el Programa Más Equidad. Nuestra Aula Específica está realizando Musicoterapia.

La responsable de Armonía Musicoterapia, Antonella Nastasia, nos informa sobre la primera sesión que tuvo lugar el jueves 22 de enero.

La sesión se inició con una canción de bienvenida en la que se nombró a cada niño individualmente. Esta actividad tiene una fuerte función emocional, comunicativa y relacional, ya que a través de la música cada participante se siente reconocido, esperado y llamado por su nombre. En una primera fase se trabajó el acompañamiento rítmico únicamente con el tambor, favoreciendo la escucha, la atención sostenida y la sincronización rítmica. En una segunda fase, se añadió el cuerpo (palmas, movimientos corporales) y se introdujeron pausas, aumentando progresivamente el nivel de dificultad. Este ejercicio implicó múltiples habilidades: coordinación motora, atención y control inhibitorio, sincronización con el grupo, anticipación y respeto de los silencios

Se propuso una improvisación musical grupal con diferentes instrumentos. La improvisación musical es una herramienta central en musicoterapia, ya que permite la expresión espontánea, sin juicios ni modelos correctos o incorrectos. Cada niño pudo explorar su forma personal de producir sonido, su ritmo propio, su nivel de fluidez o contención y su manera de relacionarse con el instrumento y con los demás.

Durante esta actividad se observaron diferentes formas de participación: algunos niños permanecieron con un mismo instrumento, otros exploraron varios; algunos buscaron el contacto o la conexión con un compañero, mientras que otros mostraron preferencia por la observación o la exploración individual. Todas estas formas fueron respetadas como expresiones válidas de comunicación y presencia.

Uno de los niños con TEA, recientemente incorporado al grupo, presentó una elevada sensibilidad sensorial ante la intensidad de estímulos. Fue necesario ofrecerle un espacio de retirada temporal para favorecer la autorregulación y la calma, respetando sus necesidades emocionales y sensoriales. Este momento evidenció la importancia de la energía grupal y de la adaptación constante en sesiones de musicoterapia.

Se introdujeron pañuelos acompañados de música grabada con un tempo suave. Esta actividad tuvo como objetivo favorecer la relajación, la regulación emocional y la comunicación no verbal. Los niños exploraron el movimiento de los pañuelos, su caída, el contacto visual y el juego relacional, utilizando el pañuelo como mediador del vínculo. En algunos casos, se observó una búsqueda espontánea de contacto a través del gesto, la mirada y la cercanía, reforzando la sensación de seguridad y relación.

La sesión finalizó con una actividad en círculo utilizando un paracaídas. Cada niño sujetó una parte del mismo, adaptando la participación de aquellos en silla de ruedas y, de manera conjunta, se levantaba y bajaba al ritmo de una música grabada situada debajo.

Se añadieron pelotas en el centro del paracaídas, lo que incrementó la necesidad de cooperación, atención conjunta y coordinación grupal para evitar que cayeran. Los cambios en la música (ritmos más suaves o más intensos, tempos lentos o rápidos) influyeron directamente en el movimiento del grupo.

Durante esta actividad se observó una alta presencia grupal, comunicación a través de miradas, gestos y movimientos, así como una sensación de unidad y sincronía, a pesar de las diferentes capacidades motrices. Como observación final añadiré que la sesión permitió generar un espacio de expresión, relación y participación adaptado a la diversidad del grupo. La música actuó como un lenguaje común, facilitando la comunicación más allá de las palabras. Se observaron momentos significativos de atención, conexión emocional y presencia, tanto a nivel individual como grupal.

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